Los vicios post-traumáticos
Febrero 9, 2010
Mi madre me lo recordaba ayer mismo: “Pero Jaime, si es que tú ya de pequeñito eras un nervio y un exigente. Te tenía que llevar a la guarde un ratito antes que al resto de tus compañeros para que la profesora leyera solamente contigo. Si no, te ponías inaguantable”.
Cuando estaba en EGB, las noches antes de los exámenes no dormía casi. En la ESO directamente no dormía. Y en Bachiller y selectividad con dificultades; por entonces conocí los porros y me calmaban de puta madre.
Al estudiar el módulo, mi ritmo de vida era frenético yéndome de casa a las 8 de la mañana y llegando a las 13, saltándome la mayoría de los días una hora de clase, para comer corriendo e ir a la zapatería que por entonces estaba yo en Alcalá de Henares. En las 3 horas que pasaba en RENFE entre ida y vuelta conseguía hacer de todo: estudiar, leer libros, leer libros de lo que estudiaba… Cuando llegaba a casa a las 23, me metía en la cama y caía como Dios.
Con veinti-pocos años, cuando ya andaba con mi curro de hoy en día aún (y sinceramente, con sus pros y sus contras doy gracias porque me encanta y es genial al fin y al cabo) tuve una crisis que me prometí que no iba a volver a pasar nunca en la vida. A día de hoy lo he cumplido.
Es duro, y ahora más que nunca lo sé, aunque realmente lo aprendí hace ya años, que tu chico al que quieres y estas enamorado (o en proceso de) te deje. Pero “más peor” aún es estar con alguien a quien no quieres ni amas, y no sabes cómo salir del círculo letal. Fue entonces, ya al final de mi relación con Fer, cuando un día en el médico me dijeron que tenía la tensión un poquillo alta y algo descompensada. “Este niño es un manojo de nervios Eladio”, decía mi madre. Fue entonces cuando tomé Lexatín por primera vez.
Cuando pasaron unos meses y mi vida dio un vuelco (que quizás sea el más influyente para estar hoy en día donde estoy) tuve una etapa en la que recuerdo perfectamente como los viernes me iba del curro sin comer ni cenar (la mayoría de las veces), y me hartaba a gintonics con el efecto del Lexatín que aprendí que me tenía que tomar a las 11 de la mañana todos los días.
Como todas las etapas, tienen un fin. Y hoy en día sólo lo tomo cuando de verdad me encuentro muy nervioso. Pero el matiz es completamente distinto. Cuando lo tomo es porque sé que los nervios que voy a tener me van a poner medio malo (y quien me sufre todos los días, puede dar fe)… Entonces lo tomo y no hay lugar a remordimientos de conciencia.
Ayer comencé un nuevo añadido a esta situación. Unas pastillitas muy flojas para dormir. Te las venden en la farmacia sin receta y no son nada, lo sé. Pero a donde quiero llegar es al acto en sí. El tomar algo porque no puedes dormir por las noches porque una vorágine de emociones me rebosan en estos momentos. Espero que sea algo temporal.
No quiero un día con Lexatín por la mañana y Dormidina por la noche. De momento es lo que hay. Más me jode a mí.
Y de nuevo, en el mismo lugar y a la misma hora
Febrero 7, 2010
Madrid es una ciudad con más de tres millones de habitantes y se dice que hay dos cientos sesenta y dos personas por cada bar (realmente, en la estadística lo llaman “establecimiento”). Si quitamos los viejos, los enfermos y los que están severamente castigados por la crisis y el paro, seguro que la cifra disminuye considerablemente.
Este viernes por fin salí de fiesta. Me hacía falta, el cuerpo me pedía dejar apartado mi coma emocional.
Me lo encontré. Y fue horrible. Encima yo estaba sólo justo en ese momento. Me temblaron las piernas, el habla… Hay reencuentros que deberían posponerse. Hubo un momento en el que nos miramos fijamente a los ojos y estuve a punto de ponerme a llorar y suplicarle que volviéramos. Es cierto, que yo mismo tengo claro que no podría volver con él porque mi corazón ya no está enamorado si no herido.
Exijo a los gobernantes de este país la creación de más establecimientos para que los ex novios no formen parte de la noche, en la que se suponía que el ave fénix quería renacer (de nuevo).
¿Cuánto puede medir una campana de cocina?
Febrero 2, 2010
Dudar ahora de sus palabras y de su buena fe, no sería muy consecuente por mi parte. Quizás más que consecuente lo que quiera expresar es que no sería muy sincero. Ni conmigo mismo, ni con lo que he sentido y siento ahora, ni con él.
Y es que no dudo de sus buenas intenciones ni veo ningún resquicio de maldad ni falsedad, pero lo que sí que no quiero es lástima. No quiero que haya compasión. Eso para los que no arriesgan y nunca ganan.
Cada uno tenemos que ser consecuentes con nuestros actos e intentar ser considerado con aquellas personas a las que supuestamente y al menos, hemos querido. Y ser considerado en su justa medida. En exceso, todo queda forzado-festivo. Con razón o sin ella así es como queda.
Hay quienes son capaces de cagarla y reírse en el intento
Enero 28, 2010
En las historias de amor, como en la vida, todo tiene un juicio final. Puede llegar antes o después, pero lo tiene. El corazón dicta sentencia. La vida sigue su curso.
A lo mejor todo esto puede perturbar un poco a muchos de los que lo leáis, pero voy a intentar ser sincero con lo que ha pasado y conmigo. Ha sido una especie de obra con cinco actos.
ACTO I. Enamoramiento oportuno.
Chico conoce a chico que resulta que está forrado (al menos desde mi modo de entender “el forramiento”). Sujeto ricachón resulta que hace obra en su casa y le regala a su novio (y amor, según él) los electrodomésticos de su cocina, ya que lo va cambiar todo… En un principio son rechazados, pero después de un tiempo, se aceptan con gusto, emoción y amor (según yo).
Todo va viento en popa hasta que dicha pareja se separa para irse de vacaciones navideñas.
ACTO II. La distancia.
En los países gélidos uno de los formantes de la pareja piensa y echa de menos constantemente a su futuro cónyuge. Mientras tanto en las tierras cálidas la otra parte de la pareja se cuestiona si de verdad es el momento de encauzar una relación seria y de si ésta es su pareja ideal.
ACTO III. El encuentro sin chispa.
El frío pasa a ser perplejidad. Lo cálido, frío.
Es horrible. No hay ningún tipo de conexión entre la pareja. Es como si todo se hubiera perdido de golpe. Uno lo quiere dejar mientras que el otro se aferra a una esperanza.
ACTO IV. Los papeles.
La conciencia lo impide de manera radical: esos electrodomésticos son una tortura para el sujeto que queda desolado. No puede imaginar formar una nueva (y soñada) etapa de su vida sin saber realmente si le pertenecen. Quizás fue un impulso y mejor ser legal. No por él, si no por la conciencia del que se queda con ellos.
Hay preguntas que no saben como hacerse. Hay preguntas que siempre suenan mal. Y en cambio, la parte demandada actúa de una manera legal, sincera y bonita. Lo hecho con amor, hecho está. De lo que el sujeto desolado aprende que el amor existe siempre, lo que pasa es que no siempre en el mismo grado o de la misma manera.
Por primera vez desde el fatal momento en que escucha las palabras horribles que suponen el fin de la historia de amor, la desolación pasa a ser una losa sin peso. Un tatuaje nuevo en el corazón.
ACTO V. Las palabras del mejor amigo.
“Tú sólo has intentado ser feliz. Eres un chico valiente. No es la primera vez que te pasa y sigues ahí… Intentándolo. Ojalá todos pudiéramos…”.
Y así, hasta conseguirlo. Siendo valiente. Mi berlinés favorito tiene toda la razón una vez más.
En la liga del amor soy un orgulloso atlético
Enero 24, 2010
Con la mente puesta en temas decorativos y económicos, por momentos me olvido del que he decidido que es mi único problema a día de hoy ya que el resto me va de puta madre… Me olvidó de mi corazón. Me olvido de lo que siento. Me olvido de él.
Pero siempre, pasa algo que inevitablemente me hace aterrizar con la realidad. Estaba viendo las noticias mientras cenaba… Como es domingo y soy un marica medio futbolero he esperado a ver cómo había transcurrido la liga de fútbol.
El Atlético de Madrid ha perdido con el Getafe. El Osasuna ha ganado al Xerez. “¡Qué curioso!” he pensado yo… Mi equipo pierde. El suyo gana.
¿Otra temporada en el infierno? ¡Sí por favor! ¡Que soy un sufridor nato!
Y corrieron ríos de tinta roja
Enero 21, 2010
La verdad, es que es algo que no he hablado nunca con nadie, o eso creo. Pero… ¿Y todo lo que piensa uno cuando se está dando una ducha de agua ardiendo después de haberse bebido un litro de cerveza y fumado tres porros a pleno final de Enero frío y desolador?
Hoy, mientras me duchaba y pese a todo, me he dado cuenta de la razón que tenían 3 amigos. Cada uno de ellos ha opinado sobre mí en las últimas dos semanas, es decir, en el antes y en el después, y si saco una conclusión generalizada la lección aprendida es muy grande. Viene a ser algo así como que lo tienes todo, y que si no lo tienes, al menos lo tienes casi todo.
Será mi consuelo. Saber que podría ser peor. No sé si son los dos lexatines diarios o las cada vez menos esperanzas (y no tengo prisa porque pase lo que tenga que pasar) pero la verdad, es que dentro de un mar de lágrimas y unos cambios bruscos de estados de ánimo (en los momentos en los que soy gracioso o irónico, me siento mal y creo que debería estar de luto, y no por él, si no por mi corazón desolado) me encuentro tranquilo.
Que llore cuando me llega una muestra de cariño y ánimo es algo como todo, temporal.
Y es que ya lo dice Bunbury en esta nueva canción que hoy me he encontrado: “Sólo quedan las ganas de llorar al ver que nuestro amor se aleja… Frente a frente, bajamos la mirada pues ya no queda nada de que hablar, nada…”. “Nada de que hablar”, como recuerdo yo mis últimos momentos con él viviendo bajo la sospecha y bajo la ignorancia al mismo tiempo.
Todas las rupturas, o los momentos de mi vida, tienen una banda sonora. Hoy he encontrado la de este momento. Quizás la de esta ruptura.
Es curioso. Estando con él no me salían las palabras y no podía escribir casi. Esta vez no me tengo que tragar mis post… De todas maneras, quien es un caballero siendo un novio, es un caballero dejándolo. Los dos lo fuimos la verdad.
Me vienen las ganas de llorar. De nuevo. Voy a ponerme la canción. De nuevo.
“Gañanes Sociedad Limitada” necesita ayuda: Help!
Enero 20, 2010
Igual que muchos días nos pasa algo tan malo que ya pase lo que pase, da igual el resto, hoy me ha pasado algo tan bueno cuando he llegado a la oficina (tarde y estresado porque tenía que pagar a un notario e ir al médico a terminar con mis putas orejas) que todo lo malo que ha pasado a lo largo del resto del día me ha dado igual… Bueno, casi.
Estaba apoyando mi culo triste cuando mi Popat (la diseñadora de la cabecera de este blog) me abarca por detrás y me coloca un folio dobladito (perfectamente) y un paquetito de papel aluminio (más perfectamente aún). Me dice con una sonrisa sincera y enorme: “Esto para que desayunes… Y esto lo lees si no estás muy sensible… Si no, en otro momento”.
Me había hecho un bizcochito con forma de oso (y que estaba buenísimo con su canela y su clavo) y escrito estas líneas.
Jaime, derrochas amor en casi todo lo que haces, así que no dudes ni por un momento que todo ese amor te va a ser devuelto multiplicado.
Sé que es un momento de tristeza infinita porque yo siento algo parecido. Y nada de lo que diga te va a ofrecer consuelo, al menos yo en un tiempo no lo he encontrado. Pero tenemos nuestra sonrisa, esa que hay que procurar no perder. Aunque no te apetezca sonreír, hazlo porque algo se alivia en tu interior siempre que lo haces. Vamos a ser felices pese a todo.
Cómete el bizcochito y Jaime, pase lo que pase y nos depare las circunstancias, al menos que nos pille fuertes.
Te quiero muchísimo, Verónica.
Lo he leído al momento mientras se iba de vuelta a su sitio después de darla un besazo con la mejor cara que he podido. Ha sido la segunda vez que lloraba hoy. Eran las 10:30 de la mañana.
Ahora son las 22:00. Me estoy bebiendo un caldito (desde hace ya justo una semana estoy sin apetito) mientras pienso en lo bonito que ha sido el detalle… Y la verdad, es que pienso que el mundo sería una barbaridad de bonito si todo el mundo fuera al menos una vez al día, como lo es Popat de bonita en todo momento.
Puede parecer atrevimiento, pero es puro sentimiento
Enero 18, 2010
Ayer el sentimiento no era igual. Ayer el shock como bien me decía un amigo, me incapacitaba a entender la situación. Incluso los sentimientos no eran acentuados ni cansinos. Casi no hubo ni lágrimas.
Hoy el día ha sido demoledor. Tampoco ha habido muchas lágrimas delante de la gente. Imagino que para poder llorar sinceramente delante de una persona a la que quieres, tienes que tener algo más ordenado los hechos. Primero uno tiene que llorar y aprender a consolarse a sí mismo.
“Un admirador nuevo”, me ha dado una lección esta mañana. Me dejó un mensaje muy bonito en el post de anoche. Me he animado de repente como no quería la cosa al leer su mail en la RENFE de camino al curro. Pero la alegría en la casa del pobre dura poco, y todo me recordaba a él. Todo me hacia pensar en él.
Pues nada. Aquí estamos. Echando un pulso con el destino (el mío en concreto con el suyo). Puede que la cosa vaya bien, o puede que la cosa vaya mal. Así es la vida, como la estadística. Ojalá tenga suerte y me toqué la lotería de verdad, por primera vez en la vida.
No sé cuánto de atrevimiento tiene por mi parte el pensar que existe la posibilidad de un volver a lo que podría seguir siendo un cuento, pero quien no lucha hasta el final, seguro que no consigue lo que quiere. Y sé que él no sabe lo que quiere, pero yo sí sé lo que quiero. Y tengo que intentarlo. Aunque sea pensando de una manera ciertamente mística.
Un cepillo de dientes que nunca tuvo uso
Enero 17, 2010
Ya se lo decía yo a Brother el pasado viernes cuando nos tomábamos el pincho de los días que salimos a las 15 en el curro: “Algo raro pasa. Y cuando yo tengo la sensación que tengo, no mola”. A lo que me contestó: “Pues ya sabes que muchas personas, como tú y yo, tenemos un cierto sentido especial para captar las cosas”.
Dicho y hecho.
Parece ser que un distanciamiento-parón navideño-vacacional junto con que los astros se alineen de tal manera, ha hecho que los que tienen 26 piensan como los que tiene 34, y estos de 34, ahora lo hacen como los de 26. Las dudas y los miedos se mutan de sujeto.
Estoy sufriendo algo que yo frecuento a hacer. A lo mejor incluso me lo merezco. El último post que publiqué el pasado jueves, lo escribí bajo la sensación tormentosa que me invadía desde haces unos días. Intenté usarlo como una automedicación a un mal de amores que estaba comenzando. Y probablemente ahora sólo sea motivo de risa para esa gente que lee mi blog para desearme lo peor… Ese “admirador secreto” que deseaba que mi novio me dejara debe estar la mar de contento.
Y como siempre, me acuerdo de Love Actually. “Sólo otra vez”. Ahora que pensé que tenía ante mí a mi futuro marido. Joder con la vida. Empezamos muy jodidos el 2010. Menuda faena.
Puede que mi sexto sentido me pusiera en aviso, pero os prometo que según salieron de su boca las palabras “… No estoy muy seguro de lo que siento hacia ti. Estoy desilusionado…” el calor, el agobio y la angustia se apoderaron de mí. Estoy completamente en shock. Mi castillo de naipes se ha caído de nuevo y como siempre me aborda la duda de si esta vez también y de nuevo, podré renacer.
Sólo me queda confiar en mi tatuaje y esperar que no se haya visto envuelto por este (y lo siento por el momento y la situación) terremoto emocional.
Un futuro borrador para un posible post
Enero 14, 2010
Hay rachas buenas en la vida: es un gran consuelo.
Creo que rara vez las personas somos capaces de disfrutarlas plenamente a un 100%. Imagino que la vida nos hace cautelosos. Mucha gente me afirma que también con el tiempo nos volvemos menos impacientes, pero creo que ese nunca será mi caso. Mi forma de ser y de vivir está siempre acompañada de un nervio.
Y es que mi cabecita nunca para. Rara vez lo hace, mejor dicho… ¿Para qué hacerlo? ¿Se puede ser feliz sin razonar las cosas? ¿Realmente uno es feliz sin saber exactamente lo que le rodea? ¿Puede existir una falsa felicidad que nos (auto)engaña(mos)?
Yo siempre apostaré por el raciocinio de las cosas. Incluso de los sentimientos. Estoy convencido de que las personas podemos llegar a explicar todo lo que nos pasa por el corazón. Muchas veces, con los gestos nos basta: una sonrisa, una mueca, un guiño, una mirada, un suspiro… Al fin y al cabo la comunicación no sólo es oral, si no que también tiene un gran matiz psicológico o incluso físico: el contacto.
Y una vez más…
Creo más que nunca en el amor. He hecho una apuesta en la que va todo lo que tengo; todo lo que pensé que había perdido; todo lo que yo mismo había enterrado por convicción y con esperanza de no volver a sacar con al intención de prevenir ese amargo dolor que es la decepción. ¿Hasta cuando se puede pensar y actuar en consecuencia? ¿No existirá un momento en el que el miedo a perder ya no importe?
¿Qué es entonces ese pequeño momento en que una lucecilla nos sale de encima de la cabeza anunciándonos?: “Lo vas a volver a intentar. Es él. Confía”.
¿Qué significa entonces esa sensación que invade tu cuerpo cuando roza el suyo? ¿Y esa chispa? ¿Qué es? Una mirada me basta para llegar a sentirme aturdido del shock emocional que me puede provocar. ¿Y ese calor repentino? ¿Y esa necesidad de decir en todo momento lo que sientes?
Y por primera vez en la vida, las palabras dejan de salir.
A veces pienso que me da miedo el que pueda leer algo que no le guste. Yo le veo tan perfecto con sus imperfecciones (pocas hasta el momento, es lo bonito del principio) que me cuesta razonar que le merezco. No es una cuestión de tener más o menos; saber más o menos; ni siquiera de que (yo) me quiera más o menos. Es una cuestión de inocencia.
Y es que me cuesta creer que algo tan bonito, resulte que pueda ser para mí… Y en consecuencia, puede llegar a ser aterrador la sensación de que puedes perder el caramelo más dulce y pegajoso (homenaje al DVD de Madonna de la gira que sale el 10 de Febrero por fin) que has probado nunca. Un caramelo que no pararías nunca de chupar. Igual que nunca pararía de hacer el amor con él.
Ese momento sí que es clave en una pareja. Todos hemos follado mucho (o no) en esta vida, pero no han sido tantas las veces en las que hemos sentido como uno es parte de otro mientras le haces parte tuya…
Todo es maravilloso. No tengo palabras para describiros mejor este momento de mi vida. Hay ilusión, cariño, ganas, fuerzas y un buen contexto. No puedo pedir más. Sólo no cagarla y estar a la altura del que se supone que es, mi proyecto de mejor amigo. Mi proyecto de alma gemela.